Ya está aquí el número 24

Y llega cargadito de noticias frescas. El número 24 de Memorias de la COVID-19 La Pandemia en las Américas trae además interesantes artículos desde Argentina, Colombia y España.

La Red TBS-Stop Epidemias sigue obviando las fronteras y retratando la situación que perfila la pandemia.

Todos los números anteriores pueden leerse en la sección de newsletters de esta misma web… las dedicadas a la pandemia tienen su propia web en www.memoriasdelacovid19.org

Revive la I Jornada Iberoamericana

Ya están disponibles en el Canal de Youtube de la Red TBS-Stop Epidemias los vídeos de cada una de las sesiones de esta I Jornada Iberoamericana en la que han participado como ponentes profesionales desde trece países. Una Jornada Iberoamericana en la que se ha perfilado la situación del abordaje de la tuberculosis tras los estragos que está causando la epidemia de COVID-19.

La Red TBS-Stop Epidemias cierra su I Jornada Iberoamericana exigiendo una voluntad política firme que ponga fin a la tuberculosis

Profesionales desde trece países retratan el retroceso que la COVID-19 ha infligido a la lucha contra la TB y recuerdan que solo con un abordaje multifactorial que incida también en los determinantes sociales que la nutren se podrá acabar con esta epidemia de injusticia

Compromiso y responsabilidad. Recuerda a una película, pero se aleja totalmente de la ficción para reflejar una realidad: solo la exigencia de una sociedad civil comprometida que reclame a su clase política la voluntad que debería ser intrínseca a su responsabilidad podrá poner fin a la enfermedad infecciosa que viene causando más muertes desde la historia de la humanidad.

La Red TBS-Stop Epidemias clausura su I Jornada Iberoamericana reclamando acciones ya. “La cuestión de los factores sociales sigue siendo el gran tema pendiente”, se lamentaba Julio Ancochea, presidente del Comité Científico de esta entidad. Estos tres días de sesiones han puesto en evidencia los estragos que la COVID-19 ha causado, ejemplo a su vez de que si los Estados quieren pueden movilizarse para encontrar los recursos y la manera de hacer frente a esta sindemia. Avanzamos para poner freno a la última plaga que azota el planeta pero “la tuberculosis sigue siendo la gran epidemia de injusticia”, esgrimía Ancochea, “quienes la sufren son estigmatizados y su abordaje es menoscabado, una lucha relegada por falta de voluntad que le niega los recursos para poderla realmente frenar”.

Si algo ha puesto de manifiesto este encuentro es la necesidad de equidad y que estamos ante un gran problema de salud pública “que requiere movilización social”, esgrimía este neumólogo, satisfecho como coimpulsor al recordar que “precisamente esta Red TBS-Stop Epidemias es una iniciativa de la sociedad civil para movilizarnos y llamar a la conciencia a nuestros administradores político sanitarios, para todos juntos tratar de lograr la manera de frenar esta triste realidad”.

Se consiguió, por ejemplo, que se materializara el Plan contra la Tuberculosis en España que los profesionales llevaban tiempo reivindicando y que fue presentado por el Ministerio precisamente en una de las Jornadas de la Red, “ahora deberemos exigir que deje de ser un papel y se le dote de los recursos que necesita para poder implementarse”, tras ese primer paso para el doctor Ancochea está claro: “si ha habido voluntad política y se han encontrado los recursos, como no podía ser de otra manera, para hacer frente a la COVID-19, debemos hallar el modo de que los políticos no le den la espalda a la tuberculosis y a  los millones de personas que la sufren en el mundo, cualquier otra opción no solo será una falta de responsabilidad sino una vergüenza global”.

Para trabajar en ello es sin ir más lejos la organización de esta I Jornada Iberoamericana que el doctor Ancochea ha moderado durante tres días, dando palabra a profesionales de  Argentina, Brasil, Chile, Ecuador, España, Guatemala, Honduras, México, Panamá, República Dominicana, Uruguay y Venezuela para reflejar las diferentes perspectivas desde los diversos ámbitos, tanto asistenciales como docentes e investigadores y contando también con la visión de la OMS.

El desafío que significa para la OMS la epidemia de tuberculosis

Desde Ginebra, Ernesto Jaramillo Betancur, líder del equipo de Derechos Humanos, Protección Social y Discapacidad del Programa Global de Tuberculosis de la Organización Mundial de la Salud (OMS) resumió la cuestión poniendo los puntos sobre las íes, sin entrar en “cifras que ya se conocen y están a disposición de todo el mundo” para centrarse en las cuestiones que importan. Y la primera fue sin duda ratificar que “el mundo no está en camino de cumplir las metas para el fin de la epidemia de TB” que se plantearon en 2015 al lanzar la estrategia para poner fin a la tuberculosis. “Hemos perdido el liderato por la COVID-19 pero sin duda en un par de años la tuberculosis volverá a ser la primera causa de muerte por un agente infeccioso” esgrimía Jaramillo, “en los últimos doce meses ya han fallecido  1,5 millones de personas”.

“La pandemia de COVID-19 ha deteriorado más la gestión en los servicios de salud” reiteraba este experto, apuntando además que “ha llevado a que muchas menos personas accedan a diagnóstico y tratamiento para la tuberculosis”(se estima en 4,1 millones de personas), pero la crisis de tuberculosis resistente “parece que haya pasado a un segundo nivel pero está allí”.

El responsable de la OMS quiso dejar subrayado lo que, en su opinión es la parte critica: “las brechas en el presupuesto son un claro impedimento para el progreso”. Se estima que son necesarios 13 billones de dólares anuales “para una respuesta solo suficiente a esta epidemia y sin embargo apenas se han movilizado 5,3” se lamentaba Jaramillo añadiendo que en el campo de la investigación, la agenda, “que no es necesariamente de las más ambiciosas”, estima necesarios 2 billones anuales y ha llegado tan solo a los 901 millones “de los cuales para desarrollar una vacuna apenas han sido 100 millones” hecho que calificó como “patético” constatando que la COVID-19 ha destruido los esfuerzos realizados en tuberculosis durante 10 años.

 ¿Qué hemos aprendido de la COVID-19 para  terminar con la epidemia de tuberculosis? Para Ernesto Jaramillo estaba claro: Lo primero que necesitamos es reconocer que “se trata de un problema de justicia que requiere coraje e innovación y que sin compasión por la gente que está afectada por la epidemia no se van a poder tomar ciertas decisiones” y ante todo humildad: “la evidencia demuestra que no será solamente con la intervención biomédica que podremos avanzar”. Jaramillo no perdió la oportunidad para recordad los principios y valores que promueve la OMS en su Estrategia Fin de la Tuberculosis y suscribe y defiende desde sus inicios la Red TBS- Stop Epidemias (y de ahí las mayúsculas): la protección y promoción de los Derechos Humanos, la Ética y la Equidad. Se trata, una vez más, de “una cuestión de Justicia”. Y debe ser abordada de manera multisectorial porque “es esencial actuar sobre todos los determinantes sociales” que nutren su expansión.

Tanto Ernesto Jaramillo como Julio Ancochea coincidieron en señalar que se trata de un problema esencialmente político. “¿Y qué queremos decir con compromiso político?”, Jaramillo puso el ejemplo concreto: “18 billones de dólares fue el presupuesto para desarrollar en menos de un año una vacuna para la COVID-19 mientras que para la tuberculosis, en 2019 tan solo hubo disponibilidad de 117 millones de dólares”… y la cura a esta enfermedad se conoce desde hace más de medio siglo.

Desde la Red TBS-Stop Epidemias se reitera, así, la reivindicación primigenia con la que germinó su creación: solo desde todos los frentes (político-administativo y socio-sanitario y médico-científico) y juntos podremos eliminar esta lacra.

Tres intensos días y más de una veintena de ponentes de trece países: El desarrollo de esta I Jornada Iberoamericana ha puesto las bases a una lucha compartida que no puede parar

Tuberculosis y COVID-19, rasgos comunes de una sindemia que los expertos llaman a combatir reforzando los sistemas sanitarios públicos

Los ponentes internacionales constatan los estragos generados en sus países por una pandemia de COVID-19 que, recuerdan al unísono, aún no hemos dejado atrás y para la que la OMC reitera consejos para encararla en un futuro inmediato.

“Si algo nos ha enseñado esta pandemia es que sin un sistema público de salud global y nacional en cada país no podemos atender estas pandemias”, exponía el doctor Javier García Pérez, presidente de NEUMOMADRID y secretario general de la Red TBS-Stop Epidemias en la segunda jornada de este encuentro internacional. “Un sistema público de salud eficiente y potente es la primera herramienta para luchar contra todo tipo de pandemias” esgrimía este neumólogo, recordando que ·necesitamos también incrementar los fondos para luchar contra la tuberculosis”, puesto que “la contracción económica por la pandemia ha generado mayor pobreza y desnutrición, poniendo en peligro los progresos alcanzados en los últimos años en la lucha contra la tuberculosis”. Sin ir más lejos, y como ya se ponía de manifiesto en la primera sesión de este I Jornada Iberoamericana, “la detección mundial de casos de tuberculosis puede caer un 25 % y generar 500 000 muertes adicionales en los dos próximos años” a las que ya se registraban cada año, según cifras de la Organización Mundial de la Salud.

El doctor García Pérez expuso los retos y oportunidades que la pandemia ofrece para combatir la tuberculosis: entre los retos, mantener los programas de vigilancia y control de la TB y desarrollar estrategias sinérgicas para luchar conjuntamente contra la TB y la COVID-19; consolidar los mecanismos de atención social, mejorando el acceso a los sistemas públicos de salud e incrementar los fondos para financiar la lucha contra la tuberculosis (se necesitarán 15 000 millones de dólares en 2022.”  “Creemos, y las vacunas nos están demostrando, que la COVID-19 pasará en un periodo relativamente corto”, recordaba este experto, pero la tuberculosis permanecerá durante muchos años, con unas cifras inasumibles de mortalidad y de deterioro de la situación económica de las familias que la sufran”.

En cuanto a las oportunidades, el doctor García Pérez enumeró como primera el diseño de los nuevos métodos moleculares que permiten detectar y hacer frente a la tuberculosis multidrogorresistente, “tenemos la oportunidad ahora mismo después de muchos tratamientos muy largos y muy pesados,”, argumentaba este experto en tuberculosis, “de poder dar un tratamiento contra la tuberculosis MDR de entre seis y nueve meses”. Pese a las cifras que ha dejado el retraso diagnóstico consecuencia de la atención a la COVID-19, el doctor García Pérez se mostraba optimista “tenemos la mejor situación diagnóstica y para tratar a los pacientes de nuestra historia” esgrimía, añadiendo que además “ahora la gente está muy sensibilizada con la sintomatología respiratoria” con lo que podrá recuperarse el diagnóstico temprano, y la mascarilla ayudaría a controlar su transmisión comunitaria”.

El neumólogo expuso también que la experiencia de tantos años en el abordaje y control de la TB puede aprovecharse para la COVID-19, dados los rasgos comunes en ambas y animó a no bajar la guardia.

De momento, sin embargo, la situación que perfilan los profesionales iberoamericanos presentes en el encuentro dibuja un panorama desolador. Así lo retrataron en la sesión de ayer Carlos Rodríguez Taveras, jefe del Servicio de Infectología del Hospital Central de las Fuerzas Armadas (República Dominicana); Mark Cohen Todd, presidente del Foro de Sociedades Respiratorias Internacionales y presidente de la Asociación Latinoamericana de Tórax  (Guatemala);  Suyapa María Sosa Ferrari, jefa del Servicio de Neumología del Instituto Nacional Cardiopulmonar (Honduras); Ivone Evangelista Cabral, profesora de la Facultad de Enfermería Materno Infantil de la Universidad del Estado de Río de Janeiro y miembro de la Asociación Brasilera de Enfermería (Brasil) y Dolores Moreno,  neumóloga, profesora asociada de la Universidad Central y directora de la Clínica del Sueño y del Ronquido (Venezuela). Desde la corrupción que ha asolado los esfuerzos sanitarios en Honduras hasta la problemática social de no prestar la suficiente atención a la niñez, juventud y adolescencia que se ha visto tan afectada (enfermedad, muerte, orfandad) que reivindicaba la ponente brasilera, pasando por la lucha común que todos han debido realizar para hacer frente a una pandemia similar que en Guatemala, República Dominicana o Venezuela, como en cada lugar, ha tenido su propia entidad y que nos recuerda, como puso de manifiesto el Dr. Lorenzo Fernández Fau, cofundador de Integración Iberlatinoamericana en Neumología y Cirugía Torácica, las lagunas éticas con las que se ha descuidado la equidad y relegado la tan necesaria solidaridad.

La COVID-19 ha venido para quedarse: consejos desde la OMC para encarar el futuro

El presidente del Consejo General de Colegios Oficiales de Médicos de España, el doctor Tomás Cobo, cerró esta segunda sesión recordando la prudencia que cabe guardar todavía ante la pandemia y no quiso dejar de recordar que “si algo define nuestra profesión milenaria es precisamente la justicia social y el abordaje a los más frágiles y los más débiles, que son los enfermos” preguntándose como otros ponentes habían hecho previamente “cómo es posible que en tan solo 12 o 13 meses desarrollemos una vacuna contra la COVID-19 y en tantos años no hayamos sido capaces de desarrollar una vacuna contra la malaria ¿Cómo es posible que presumamos de tener una tasa de vacunación de la que sí que tenemos que estar orgullosos en España que estamos en un 78,3 pero contraste con la realidad de África que está en un 8,1… todo esto nos tiene que hacer reflexionar y debemos trasladar a las administraciones de turno la importancia del acceso justo a los medicamentos, en este caso a las vacunas. Todos los esfuerzos que hagamos en ese sentido serán pocos.”

Cobo quiso centrar también su intervención en reflexiones realizadas con expertos en Salud Pública sobre los cambios en la pandemia: “Si la COVID-19 mantiene el perfil de infectividad, morbilidad y mortalidad que hoy muestra su variante Delta, y el efecto de protección rebaño no acaba de materializarse, cabría anticipar lo siguiente:

-La COVID-19 se iría convirtiendo en una endemia estable, no estacional, con la que habría que convivir durante un largo periodo de tiempo.

– Pese a la baja morbilidad y letalidad en los inmunizados la endemia y sus brotes locales al afectar a amplias poblaciones acabarían produciendo un número importante de casos, hospitalizaciones y muertes, particularmente, como siempre, en el grupo de los más frágiles, de la gente mayor, de la gente “institucionalizada” donde no resulta fácil diferenciar morir de COVID-19 o morir con COVID-19.

-Que la sociedad pueda acostumbrarse a pagar un tributo de morbimortalidad por la COVID-19 no significa que este daño sea inevitable, al igual que con los accidentes de tráfico, se pueden y se deben hacer cosas para reducir la enfermedad y la muerte asociada a la COVID-19.

– Este cambio de perfil aconseja replantearse los mensajes a la población, y aquí hay que enfatizar esto: identificar el avance de la vacunación con el final de las antipáticas y lesivas restricciones y medidas de protección es contraproducente. No parece  previsible volver a la antigua normalidad y es mejor concienciar a la sociedad de que muchas de las medidas de salud pública que hemos puesto en marcha desde marzo de 2020 (lavado de manos, distanciamiento y mascarilla) van a tener que seguir acompañándonos, particularmente en los momentos o lugares donde aumente la incidencia, la gravedad o la saturación de los recursos asistenciales.

-Hay que mantener la alerta ante la posibilidad de que haya nuevas variantes de la COVID-19: que sean más transmisibles, más graves y para las cuales las actuales vacunas ofrezcan menor protección: La inmunización global de toda la población humana es fundamental para reducir la posibilidad de mutaciones que pongan en riesgo todo el camino que hemos avanzado.

-Ante la alta probabilidad de que la COVID-19 se torne una endemia insidiosa y tórpida, convendría invertir en recursos y servicios sanitarios para mejorar la respuesta y prevenir los colapsos puntuales y localizados que se pueden producir: un reforzamiento focalizado de la red asistencial, además, podría permitir dar continuidad a la atención a los demás problemas de salud de la población. Al ampliamente reivindicado reforzamiento de la Atención Primaria, la Salud Pública y la Vigilancia Epidemiológica hay que añadir la habilitación de espacios preinstalados para la expansión de camas en los hospitales generales así como de puestos de cuidados intensivos y de cuidados respiratorios intermedios.”

El presidente de la OMC recordó también que “desde el ámbito de la profesión médica creemos que  cualquier política o estrategia debe estar fuertemente anclada en la mejor evidencia científica disponible en cada momento” y  que “es esencial transmitir a la sociedad que los cambios de rumbo, cuando los aconseja el nuevo conocimiento o la evolución de la propia pandemia, no cuestionan la validez de lo que hacemos sino que lo refuerzan”. Para el Dr. Cobo la clave radica también en avanzar en la educación de la población en este ámbito y en no alimentar la “infantilización y la sobresimplificación que circula en los medios y en las redes”, por lo que aprovechó el foro de la Red TBS- Stop Epidemias para pedir paciencia y perseverancia al colectivo científico y médico.

“Ante la incertidumbre de la ciencia y la variabilidad inevitable de las respuestas colectivas ante la pandemia se necesita que la autoridad sanitaria extreme el asesoramiento y la participación y evite la excesiva reactividad ante presiones políticas, mediáticas o de redes sociales” concluyó el presidente de la OMC para finalizar esgrimiendo que “conviene que las diferentes autoridades sanitarias (central y autonómicas en nuestro caso) y las instituciones científicas y sociales implicadas se cohesionen y marquen una senda de acción coherente y racional” .

Desde la Red TBS Stop Epidemias se sigue trabajando porque así sea y por ello crea foros de debate como el que desarrolla estos días de manera online con ponentes de España y otros doce países iberoamericanos para que de manera integradora y multidisciplinar los profesionales implicados puedan intercambiar conocimientos y experiencias en  pro de una mejora global.

Esta I Jornada Iberoamericana de Actualización en TB y COVID-19 moderada por el doctor Julio Ancochea concluirá con la intervención desde Ginebra del Dr. Ernesto Jaramillo, representante de la OMS. Puede seguirse en directo desde el canal de Youtube de la  Red TBS-Stop Epidemias.

La sesión inicial de la I Jornada Iberoamericana de la Red TBS vaticina una probable sexta ola de COVID-19 en España y reivindica como imprescindible la equidad vacunal en el planeta

Los expertos constatan que la pandemia no ha terminado y hacen un llamamiento para concienciar de ello a la administración y la población y a no dejar de lado el control de otras enfermedades infecciosas: la cifra de muertes por tuberculosis ha sido la más alta de los últimos años.

“Una sociedad bien informada es una sociedad más saludable”. Así concluía su intervención el epidemiólogo Joan Artur Caylà, presidente de la Fundación de  la Unidad de Investigación en Tuberculosis de Barcelona y en ello coincidieron también otros ponentes: la primera sesión de la Jornada Iberoamericana de Actualización en TB y COVID-19 de la Red contra la Tuberculosis y por la Solidaridad (Red TBS- Stop Epidemias) puso la alerta en que la epidemia no ha terminado y es necesario seguir trabajando para contenerla. Caylà anunció que los datos ponen de manifiesto que España tendrá una sexta ola, aunque la cobertura vacunal facilitará que sea de menos impacto que las anteriores.

Una cobertura vacunal de la que también explicó las bondades la doctora   María Victorina López Varela, jefa del Servicio de Neumología del Hospital Maciel y expresidenta de la ALAT, desde Uruguay, exponiendo con datos concretos cómo los picos de casos en su país disminuían drásticamente a medida que avanzaba la vacunación. Que es efectiva es una certeza, exponía esta neumóloga, como lo es que la experiencia internacional suma y que el confinamiento, reforzar los servicios de salud, ampliar el testeo, integrar público y privado y reforzar servicios de salud y atención primaria funcionan. Pero, alertó esta experta, “la epidemia no ha terminado, eso lo sabemos los sanitarios y no somos capaces de trasmitir esa certeza a la población”. La doctora no quiso concluir sin subrayar que “mientras haya regiones sin vacunar la epidemia no bajará”.

Equidad, solidaridad y esfuerzo global…El primer paso quizá sea fomentar un intercambio de experiencias como el que propone la Red TBS, con una perspectiva integradora y multidisciplinar. “El que no entienda en el año 21 del siglo XXI que la atención a los pacientes debe ser multidisciplinar realmente ha entendido poco”, aseveraba Tomás Cobo, presidente de la Organización Médica Colegial de España, en la intervención de apertura de una sesión que contó también con otros ponentes:

Desde Panamá, Reynaldo Chandler, investigador Clínico del Hospital San Miguel Arcángel de la Ciudad de Panamá subrayó que en el contexto de la pandemia la historia nos vuelve a unir. Y puso de manifiesto que Panamá lidera en cuanto a vacunación pero con la paradoja que el alto crecimiento económico no evita la alta mortalidad por tuberculosis,  sobretodo en regiones indígenas: la desigualdad económica sigue siendo un factor crucial… Y ante estas dos epidemias seguimos teniendo más preguntas que respuestas.

Desde Madrid, María Carmen Sellán Soto, profesora del Departamento de Enfermería de la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de Madrid y coordinadora de la RED ENSI España, remarcó que la Enfermería siempre ha estado al lado de los más vulnerables y expuso un estudio que ha realizado en la Universidad Autónoma de Madrid a propósito de la adaptación de la docencia a la pandemia que pone de manfiesto que la edad no es signo de incapacidad tecnológica, o que por ejemplo los estudiantes más jóvenes requieren de mayor turorización y presencialidad… y concluyó diciendo que la pandemia nos ha enseñado muchas cosas y para los profesores ha sido una cura de humildad, poniendo de manifiesto las competencias emocionales que se necesitan para hacer frente a situaciones como ésta. Sellán, quien reflexionó también sobre que no todos los estudiantes tienen las mismas posibilidades para adaptarse a esas nevas necesidades tecnológicas, concluyó remarcando que “esta pandemia tiene que ayudarnos al cambio de paradigma”.

Desde Venezuela, Zhenia Fuentes-Alcalá, coordinadora del Servicio de Tisiología del Hospital Dr. José Ignacio Baldó y exdirectora del Departamento de Tuberculosis de la ALAT, explicó el impacto de la pandemia en el control de la tuberculosis: la COVID-19 ha descapitalizado las unidades de TB y no solo se han reducido las consultas ambulatorias, sino que hay demora diagnóstica y se constata que hay casos de tuberculosis graves que han retrotraído el panorama al siglo pasado. Ratifica dificultades en el cumplimiento e incluso brotes nosocomiales que han condicionado la actividad asistencial.

Por su parte, María Carmen Basolas, directora de Relaciones Institucionales de Chiesi España,  remarcó la importancia de la Solidaridad, en mayúsculas, y la colaboración, poniendo como ejemplo el proyecto Chaco, en el que han trabajado estrechamente neumólogos españoles y argentinos para mejorar en en Tres Isletas la atención a la EPOC.

Y José María Fernández Sousa-Faro, presidente de PharmaMar, reivindicó que hay que escribir el futuro y ello es a través de la investigación y la innovación. Y quizá la naturaleza nos puede enseñar el camino… es lo que desarrollan desde su empresa, y han constatado que la plitidepsina tiene acción antiviral y antiinflamatoria, por ello han puesto en marcha el estudio Neptuno, fase III, que determinará su eficacia para el tratamiento de pacientes hospitalizados con COVID-19 moderada.

Desde México, Héctor Javier Sánchez Pérez, investigador Titular de El Colegio de la Frontera Sur y secretario técnico del Observatorio Social de Tuberculosis, explicó que han tenido cerca de 300 000 fallecidos por COVID-19.  Y que se ha constatado la reduccion de búsqueda activa de casos de TB, la poca fiabilidad de sus registros y el infradiagnóstico: se ha reducido el estudio de contactos, hay menos personal, menos recursos, menos programas relacionados con la estrategia de TB …

De hecho esta primera sesión de la jornada puso sobre la mesa que eso es un problema común: la Organización Mundial de la Salud ha contabilizado en un millón y medio las muertes mundiales por tuberculosis en el mundo, la cifra más alta de los últimos años que evidencia que se han tirado por el suelo los esfuerzos realizados en la última década.

Desde la Red TBS se enfatiza en que es con solidaridad y colaboración como podremos seguir adelante. Su presidente, el doctor Julio Ancochea, encargado de moderar estas jornadas, cerró la primera citando a Favaloro: “ha llegado el momento de detener el girar constante de nuestro planeta, de examinarlo, de examinarnos y de hacer el diagnóstico correcto y de buscar todos juntos el tratamiento adecuado: solo lo lograremos si entendemos que estamos convocados por un compromiso ineludible. Debemos luchar por una sociedad más justa, solidaria y equitativa, sin prejuicios y solo lo lograremos si no nos salimos nunca de los alineamientos éticos basados en el respeto y la dignidad de las personas.”

La Red TBS seguirá trabajando por ello en esta Jornada Iberoamericana de Actualización que puede seguirse en directo desde su canal de Youtube.