La Red TBS-Stop Epidemias cierra su I Jornada Iberoamericana exigiendo una voluntad política firme que ponga fin a la tuberculosis

Profesionales desde trece países retratan el retroceso que la COVID-19 ha infligido a la lucha contra la TB y recuerdan que solo con un abordaje multifactorial que incida también en los determinantes sociales que la nutren se podrá acabar con esta epidemia de injusticia

Compromiso y responsabilidad. Recuerda a una película, pero se aleja totalmente de la ficción para reflejar una realidad: solo la exigencia de una sociedad civil comprometida que reclame a su clase política la voluntad que debería ser intrínseca a su responsabilidad podrá poner fin a la enfermedad infecciosa que viene causando más muertes desde la historia de la humanidad.

La Red TBS-Stop Epidemias clausura su I Jornada Iberoamericana reclamando acciones ya. “La cuestión de los factores sociales sigue siendo el gran tema pendiente”, se lamentaba Julio Ancochea, presidente del Comité Científico de esta entidad. Estos tres días de sesiones han puesto en evidencia los estragos que la COVID-19 ha causado, ejemplo a su vez de que si los Estados quieren pueden movilizarse para encontrar los recursos y la manera de hacer frente a esta sindemia. Avanzamos para poner freno a la última plaga que azota el planeta pero “la tuberculosis sigue siendo la gran epidemia de injusticia”, esgrimía Ancochea, “quienes la sufren son estigmatizados y su abordaje es menoscabado, una lucha relegada por falta de voluntad que le niega los recursos para poderla realmente frenar”.

Si algo ha puesto de manifiesto este encuentro es la necesidad de equidad y que estamos ante un gran problema de salud pública “que requiere movilización social”, esgrimía este neumólogo, satisfecho como coimpulsor al recordar que “precisamente esta Red TBS-Stop Epidemias es una iniciativa de la sociedad civil para movilizarnos y llamar a la conciencia a nuestros administradores político sanitarios, para todos juntos tratar de lograr la manera de frenar esta triste realidad”.

Se consiguió, por ejemplo, que se materializara el Plan contra la Tuberculosis en España que los profesionales llevaban tiempo reivindicando y que fue presentado por el Ministerio precisamente en una de las Jornadas de la Red, “ahora deberemos exigir que deje de ser un papel y se le dote de los recursos que necesita para poder implementarse”, tras ese primer paso para el doctor Ancochea está claro: “si ha habido voluntad política y se han encontrado los recursos, como no podía ser de otra manera, para hacer frente a la COVID-19, debemos hallar el modo de que los políticos no le den la espalda a la tuberculosis y a  los millones de personas que la sufren en el mundo, cualquier otra opción no solo será una falta de responsabilidad sino una vergüenza global”.

Para trabajar en ello es sin ir más lejos la organización de esta I Jornada Iberoamericana que el doctor Ancochea ha moderado durante tres días, dando palabra a profesionales de  Argentina, Brasil, Chile, Ecuador, España, Guatemala, Honduras, México, Panamá, República Dominicana, Uruguay y Venezuela para reflejar las diferentes perspectivas desde los diversos ámbitos, tanto asistenciales como docentes e investigadores y contando también con la visión de la OMS.

El desafío que significa para la OMS la epidemia de tuberculosis

Desde Ginebra, Ernesto Jaramillo Betancur, líder del equipo de Derechos Humanos, Protección Social y Discapacidad del Programa Global de Tuberculosis de la Organización Mundial de la Salud (OMS) resumió la cuestión poniendo los puntos sobre las íes, sin entrar en “cifras que ya se conocen y están a disposición de todo el mundo” para centrarse en las cuestiones que importan. Y la primera fue sin duda ratificar que “el mundo no está en camino de cumplir las metas para el fin de la epidemia de TB” que se plantearon en 2015 al lanzar la estrategia para poner fin a la tuberculosis. “Hemos perdido el liderato por la COVID-19 pero sin duda en un par de años la tuberculosis volverá a ser la primera causa de muerte por un agente infeccioso” esgrimía Jaramillo, “en los últimos doce meses ya han fallecido  1,5 millones de personas”.

“La pandemia de COVID-19 ha deteriorado más la gestión en los servicios de salud” reiteraba este experto, apuntando además que “ha llevado a que muchas menos personas accedan a diagnóstico y tratamiento para la tuberculosis”(se estima en 4,1 millones de personas), pero la crisis de tuberculosis resistente “parece que haya pasado a un segundo nivel pero está allí”.

El responsable de la OMS quiso dejar subrayado lo que, en su opinión es la parte critica: “las brechas en el presupuesto son un claro impedimento para el progreso”. Se estima que son necesarios 13 billones de dólares anuales “para una respuesta solo suficiente a esta epidemia y sin embargo apenas se han movilizado 5,3” se lamentaba Jaramillo añadiendo que en el campo de la investigación, la agenda, “que no es necesariamente de las más ambiciosas”, estima necesarios 2 billones anuales y ha llegado tan solo a los 901 millones “de los cuales para desarrollar una vacuna apenas han sido 100 millones” hecho que calificó como “patético” constatando que la COVID-19 ha destruido los esfuerzos realizados en tuberculosis durante 10 años.

 ¿Qué hemos aprendido de la COVID-19 para  terminar con la epidemia de tuberculosis? Para Ernesto Jaramillo estaba claro: Lo primero que necesitamos es reconocer que “se trata de un problema de justicia que requiere coraje e innovación y que sin compasión por la gente que está afectada por la epidemia no se van a poder tomar ciertas decisiones” y ante todo humildad: “la evidencia demuestra que no será solamente con la intervención biomédica que podremos avanzar”. Jaramillo no perdió la oportunidad para recordad los principios y valores que promueve la OMS en su Estrategia Fin de la Tuberculosis y suscribe y defiende desde sus inicios la Red TBS- Stop Epidemias (y de ahí las mayúsculas): la protección y promoción de los Derechos Humanos, la Ética y la Equidad. Se trata, una vez más, de “una cuestión de Justicia”. Y debe ser abordada de manera multisectorial porque “es esencial actuar sobre todos los determinantes sociales” que nutren su expansión.

Tanto Ernesto Jaramillo como Julio Ancochea coincidieron en señalar que se trata de un problema esencialmente político. “¿Y qué queremos decir con compromiso político?”, Jaramillo puso el ejemplo concreto: “18 billones de dólares fue el presupuesto para desarrollar en menos de un año una vacuna para la COVID-19 mientras que para la tuberculosis, en 2019 tan solo hubo disponibilidad de 117 millones de dólares”… y la cura a esta enfermedad se conoce desde hace más de medio siglo.

Desde la Red TBS-Stop Epidemias se reitera, así, la reivindicación primigenia con la que germinó su creación: solo desde todos los frentes (político-administativo y socio-sanitario y médico-científico) y juntos podremos eliminar esta lacra.

Tres intensos días y más de una veintena de ponentes de trece países: El desarrollo de esta I Jornada Iberoamericana ha puesto las bases a una lucha compartida que no puede parar