Sí, podemos acabar con la tuberculosis: y además es nuestra responsabilidad

Tribuna de opinión publicada en Diario Médico con motivo del Día Mundial de la Tuberculosis , de Julio Ancochea Bermúdez Presidente del Comité Científico de la Red TBS-Stop Epidemias.

La primera parte del título de esta Tribuna vuelve a ser este año el lema escogido por la Organización Mundial de la Salud para conmemorar el Día Mundial de la Tuberculosis que se celebra cada 24  de marzo. Y es cierto, hoy más que nunca se puede afirmar que podemos acabar con la tuberculosis: contamos con los avances en las técnicas moleculares que facilitan un diagnóstico más rápido tanto de la enfermedad como del perfil de resistencias y disponemos también de nuevos fármacos para las multidrogorresistencias que permiten tratamientos orales y más cortos.

Sin duda es un hálito de esperanza, pero me permitirán, sin dejar por ello de ser optimista y positivo, que en una conmemoración como esta pongamos el foco en todo aquello que nos queda por hacer, que no es poco pero que sin duda podremos realizar si actuamos de manera comprometida, solidaria, responsable y, sobre todo, conjunta.

Porque la tuberculosis es a día de hoy (sí, sí, todavía)  la enfermedad infecciosa que más azota a la humanidad: 3500 personas mueren en el mundo cada día por su causa, y otras 30 000 enferman a diario. En pleno siglo XXI y cuando no solo se trata de una enfermedad prevenible sino que hace décadas, muchas para nombrarlas sin abochornarse, que tiene cura.

Por eso mismo no podemos quedarnos solo con los avances médicos (aunque bienvenidos son, claro que sí). Debemos prestar atención a los condicionantes sociales que provocan la enfermedad y promueven su propagación epidémica: la pobreza, la desnutrición, la vivienda precaria, la exclusión social, la marginación y el estigma. La tuberculosis nace de la pobreza y genera pobreza: nace de la desigualdad y genera nuestra vergüenza.

La tuberculosis tiene uno de los tratamientos más costoefectivos. Pero lamentablemente su abordaje hace mucho que dejó de considerarse una inversión. Aunque hoy, como les decía al principio, la esperanza es más fuerte que el desánimo: en septiembre la reunión de alto nivel mantenida en Naciones Unidas dio como fruto el compromiso  político de hacer un esfuerzo mayor. Y la Organización Mundial de la Salud cuenta con un plan de acción 2023-2027. Precisamente la directora del Programa Global de Tuberculosis de la OMS, Tereza Kasaeva, se dirigía a los asistentes a la 12ª Jornada de Actualización de la Red contra la Tuberculosis y por la Solidaridad (Red TBS-Stop Epidemias), que hemos celebrado esta semana en Madrid, para pedir públicamente un mayor esfuerzo. Contamos con los compromisos políticos… ahora debemos conseguir que se materialicen en acciones tangibles.

Y cuanto antes, mejor, porque también un representante de la OMS, el doctor Ernesto Jaramillo, alertaba en la citada reunión de que el cambio climático puede incidir de manera muy significativa, a través por ejemplo de la inseguridad alimentaria, y hacernos perder los avances conseguidos para erradicar esta enfermedad de la injusticia.

La solidaridad deberá ser ahora algo más que una palabra preciosa.

Está en nuestras manos poner fin a la tuberculosis, debemos sumar esfuerzos. Hacerle frente es a la vez la mejor manera de mejorar el planeta, porque los avances científicos aquí nada pueden hacer por sí solos: necesitamos revertir las desigualdades y sembrar la equidad, es imprescindible mejorar las condiciones sociales y facilitar un acceso a la sanidad más global.

Sí, podemos acabar con la tuberculosis: es nuestra responsabilidad.